Hace días, semanas, meses o años existió un esqueleto de género femenino de singular imagen, que le temía al público, no le agradaba la idea de que la gente la mirara solo a ella. Hasta que un día, aquel esqueleto tan agradable, carismático y amable, la animo a cantar junto con él, en el festival de la muerte, ella se encontraría rodeada de gente, tendría que enfrentar su miedo, valientemente lo hizo, se subió al escenario bien acompañada, el, la miraba como si tuviera la voz más hermosa, los nervios la traicionaban pero no había vuelta atrás temía decepcionar al esqueleto que estaba a su lado, se acomodó las gafas, para después levantar el micrófono. Al salir su voz algunos se rieron tan altos que ella alcanzaba a escucharlos, otros callados miraban horrorizados, otros tanto parecían extrañados. Sus amigas la animaban ilusionadas, ellas escuchaban algo hermosos, porque su corazón era bueno, otros al final aplaudieron la valentía de la chica, algunos pocos entendieron que ella cantaba hermoso esa voz solo era para aquellos que tenían el corazón grande, para los que sabían valorar, para las calacas de buenas intenciones. Ella tenía un poder mágico en su garganta, que los estúpidos no sabían valorar.
